BIOGRAFIA RAMON CASTILLA
 

 
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CASTILLA

Patrono de la Caballería y Soldado de la Ley



El Gran Mariscal Ramón Castilla es indudablemente el más grande gobernante que ha tenido el Perú en su azaroso devenir republicano, uno de los jefes más característicos de nuestro Ejército en todos los tiempos y uno de los más grandes patriotas con todo mérito reconocido como insigne Patrono del Arma de Caballería.

Con la presidencia de Castilla empezó para la república una era de orden y progreso en todos los aspectos. Una de sus preocupaciones fundamentales fue la tecnificación del Ejército, a cuyo efecto reabrió el Colegio Militar de Bellavista. Pero fue su programa naval el que personalizó con trazos vigorosos e inconfundibles sus atributos de estadista vidente. Castilla proyectó, aspiró, ambicionó y luchó por dotar al país de modernas unidades navales de trasporte y de guerra, colocando a la Marina del Perú a la cabeza de sus pares en América Latina.

Y lo hizo sobreponiéndose a la crítica de legisladores que no supieron prever las intenciones neocoloniales de España, ni la codicia que despertaba en Chile el salitre tarapaqueño. Castilla adquirió los bergantines "Guisse" y "Gamarra" y las goletas "Peruana" y "Héctor" así como el transporte " Alaiza" y ordenó la construcción del buque de guerra "Rímac" y de la fragata "Amazonas". Para tecnificar a nuestros marinos dispuso el funcionamiento de la Escuela Naval y creó el Apostadero Naval de Paita, la Factoría de Bellavista y el dique seco de San Lorenzo. Y otro aspecto destacable en este ámbito fue la militarización de las Fuerzas de Policía. En política exterior Castilla dio pasos acertados definiéndose como un celoso guardián de la intangibilidad territorial de la nación y como un portaestandarte del panamericanismo. Organizó metódicamente la representación diplomática y al considerarla suficientemente acreditada, reunió al primer Congreso de Plenipotenciarios Americanos, iniciando así la política de la buena vecindad hemisférica que idealizara Bolívar. Fue por aquel tiempo que el canciller peruano José Gregorio Paz Soldán enarboló el principio de que "la agresión a un pueblo Americano significa la agresión contra todos", principio que mucho después, ya en la década del 40 del siglo XX sería sancionado por la Organización de Estados Americanos.

Castilla es llamado Libertador no sólo por haber sido de los vencedores en Ayacucho, sino principalmente porque redimió al indio del injusto tributo que pagaba por el derecho de vivir en su propia tierra, y porque liberó al negro de la ignominiosa esclavitud, nueve años antes de que Abraham Lincoln lo hiciera en los Estados Unidos de Norteamérica. Y también se le honra como el Soldado deja Ley, porque instauró la Libertad de Prensa en la Constitución de 1860. Su honradez fue acrisolada, y gustó siempre de repetir la frase: "Podrán acusarme de todo, menos haber ensuciado mis manos con el vil metal". Con toda justicia se le considera además como el Primer Demócrata de Sudamérica y fue tan vasta su obra en este campo, que en estos cruciales momentos Castilla debe resurgir como un espíritu tutelar e inspirador que conduzca al Perú por la senda del engrandecimiento, hacia la recuperación del sitial que siempre debió corresponderle en América y el Mundo. La Caballería Peruana es el monumento viviente a su memoria, el redoblar de sus cascos al galope y el resonar de sus clarines, es el cántico a su gloria. El insigne poeta Sullanero Carlos Augusto Salaverry, cual ningún otro, interpretó y describió con emoción profunda la vida de Castilla en estos versos: "Fórjele Dios de acero templado/ a contrastar el choque de la guerra/ áspero, duro, indómito soldado/ luchó por la ambición de ser llorado./ ¡La más bella guirnalda de la tierra!/ iSombra ilustre! De América recibe/ eterno el lauro que tu nombre adquiere/ ella en el libro de su historia escribe:/ ¡Quien vive por su patria nada vive!/ ¡Quien muere por su patria, nunca muere!".

Ramón Castilla
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